IMPLICACIONES
AL GENERALIZAR LA ESTRATEGIA DE ESTIMULACION EN LA INFANCIA.
Al generalizar la estrategia
de estimulación en los niños y las niñas desde el vientre, estamos ayudando a
potenciar al máximo las habilidades en el desarrollo de las dimensiones básicas
de acuerdo a la edad, a cargo del entorno que genere en los niños y niñas una
buena relación con su medio ambiente y a la vez facilitando el acceso al conocimiento:
compartiendo, actuando y disfrutando en la construcción de aquello que aprende
en espacios de interacción.
Partiendo de las habilidades y destrezas de los niños y de sus
potencialidades, los encuentros para el aprendizaje y desenvolvimiento
funcionan en un sistema compuesto de múltiples dimensiones: socio afectiva,
corporal, cognitiva, comunicativa, ética, estética y espiritual, mediadas por
nuevos espacios de relación con el conocimiento y formación integral espacios
activos y didácticos que posibilitan los aprendizajes. Desde un punto de vista
integral, la evolución del niño se realiza en varias dimensiones y procesos a
la vez, estos desarrollos no son independientes sino complementarios. Teniendo
en cuenta esto veremos cómo hemos logrado el desarrollo de las dimensiones del
infante con esta nueva herramienta mediadora del saber a través de la cual
manifiesta y logra su desarrollo.
LA
CONDUCTA ESTIMULADA Y NO ESTIMULADA.
El cuidado y la educación de los niños el
desarrollo de su personalidad son asuntos de gran importancia en la vida
familiar y social. Cambiar el comportamiento equívoco de los niños y niñas es
un reto importante para los adultos.
El niño desde el nacimiento
comienza a aprender todas las habilidades que le son necesarias para vivir. La
familia, los amigos, la calle, los medios de comunicación, entre otros,
influyen en este aprendizaje.
También se producen
aprendizajes erróneos de las conductas que no son deseables como las rabietas,
las peleas, la desobediencia, los problemas con las comidas, los miedos, la
falta de atención, la ansiedad, la timidez. La mayoría de lo que un niño hace,
siente y piensa son conductas aprendidas.
El docente contempla cada
tipo de conducta particular como una parte del niño, y se debe no aislar el síntoma
de su problema, sino tratar de comprender lo que el niño intenta decirnos. Es posible
que la causa del problema esté en el entorno.
La estimulación que pueda
ofrecer la persona clave tendrá inevitablemente sus límites, y habrá aspectos
de las circunstancias familiares del niño sobre lo que poco podremos hacer para
que cambien. Sin embargo, es fácil que se subestime el valor que para el niño
tiene pasar al menos unas horas del día en un ambiente tranquilo y bien
ordenado, en el que reciba cuidados de personas mayores sensibles y receptivas.
Si se examina con cuidado nuestra propia práctica, y acordamos una estimulación
con una buena metodología, quizá se pueda ayudar a que al menos supere algunas
de sus dificultades y siente unas bases mejores para su desarrollo futuro.
Las respuestas conductuales
son moldeadas por los estímulos que preceden y siguen a la conducta. Los antecedentes
y consecuencias pueden aprenderse por aprendizaje vicario (observación) o por
experiencia directa (Bandura, 1977, 1986).
Las consecuencias especificas en los niños y niñas,
causadas por la falta de estímulos psicológicos y sensoriales, es decir, a esta
falta de estimulación adecuada se denomina deprivación.





